Tetelcingo, ruta de la Cañada

Partiendo del fraccionamiento Lomas de Cocoyoc en el paradisiaco estado Morelos, en Oaxtepec para ser más exactos, decidimos explorar una vereda que lleva a un pequeño poblado llamado Tetelcingo.

Salimos del urabanizado fraccionamiento por una veredita con pendiente descendente a un costado de la avenida Del Lago y ahí mismo comenzó la diversión pues se trata de una vereda angosta con inclinación suficiente para alcanzar unos 30 kilómetros por hora y bastantes curvas hasta terminar en un pequeño riachuelo con muy poco caudaloso con suelo rocoso y arenoso.

A pesar del caudal tan pequeño, tuvimos que cargar nuestras bicicletas para cruzarlo pues resultaba imposible rodar a través de las rocas. Al cruzar el río encontramos de nuevo una vereda angosta, pero esta vez de subida. Así continuamos hasta encontrar un agradable camino de terracería. Habiendo recorrido unos 5 kilómetros encontramos la desviación hacía el cruce de la cañada.

A los pocos metros nos salieron al paso un grupo de perros, que sólo nos ladraron un poco y al ser llamados por su dueño retrocedieron. Pocos metros más adelante logramos nuestro objetivo inicial; de aproximadamente unos 15 metros de profundidad y unos 20 metros en su parte más ancha, lucía realmente imponente la cañada. Afortunadamente yo ya la había cruzado antes y a pesar de que en aquella ocasión había tenido que hacer un poco de rapel con la bici a cuestas, para esta vez sabía perfectamente por dónde atravesar de manera que no fuera necesario hacer malabares extremadamente complejos.

Así pues guié al equipo por el camino relativamente sencillo. Una vez en el fondo de la majestuosa cañada Les hice la broma de que sería necesario hacer un poco de rapel para salir al otro lado, las caras de preocupación que pusieron nos hicieron pasar un momento bastante agradable antes de inicar nuestro camino hacía arriba para salir al otro lado de la cañada.

Así que con las bicicletas al hombro para cruzar lo que seguramente en tiempo de lluvia es un río de mediano caudal pero que en pleno inicio de primavera es sólo un suelo rocoso, retomamos nuestro camino.

Ya del otro lado, la mitad del reto se había cumplido. Ahora sólo nos faltaba recorrer algunos kilómetros más para llegar a Tetelcingo. Tas sortear un camino muy polvoriento y enfrentar un último grupo de perros logramos llegar al zócalo de Tetelcingo.

A pesar de ser cerca de las 10 de la mañana el pueblo lucía muy tranquilo y con muy poca gente en sus calles. Así que sin mucho más por hacer, emprendimos el regreso a Lomas de Cocoyoc. Sin mayores problemas llegamos a nuestra base con 20 kilómetros en nuestros odómetros, satisfechos del recorrido realizado y listos para degustar un merecido almuerzo compuesto de huevos estrellados con chilaquiles!!

 

 
 
 
 
Rueda con Respeto

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