La otra cara del Ajusco
Octubre, 2004.

Quien no recuerda El Ajusco de hace 10 años?, un lugar para los tradicionales días de campo de los domingos familiares o los memorables sábados con los amigos para tomar unas cervezas, jugar unos partidos de fútbol y comer unas sabrosas kekas!

Hoy en día, el auge del ciclismo de montaña ha cambiado radicalmente la apariencia del ajusco.

Dónde antes estaba lleno de puestos de quesadillas y sopa de hongos, ahora hay estacionamientos cerrados para dar seguridad a los vehículos de los asiduos amantes del deporte de aventura. Hubo una época en que se hablaba de una gran inseguridad en el ajusco, pero aparentemente hoy en día eso quedó en el pasado.

Con un módico pago de 15 pesos de estacionamiento, uno puede dejar puesto inclusive el rack de cajuela e irse a rodar con la tranquilidad de que a su regreso lo encontrará justo dónde lo dejó.

Otro cambio interesante, es que ahora la llegada al ajusco no es a las 11 de la mañana cómo se acostumbraba justo a tiempo para el almuerzo. Ahora los buenos deportistas llegan a más tardar a las 9 de la mañana para encontrar un buen lugar para estacionarse y localizar a los “cuacharas” para emprender juntos el difícil ascenso de más de 500 metros en escasos 8 kilómetros!!.

Así pues, tras el pago de 20 pesos por persona para ingresar a la zona protegida para rodar seguros!, y habiendo dejado el auto en el estacionamiento de 15 pesos. Nos dimos a la tarea de atacar la montaña. A pesar de que no era tan temprano y que el sol se alzaba en lo alto del cielo, la espesa vegetación impedía el paso de los rayos del sol, por lo que se respiraba un aire un poco fresco. Rodeados de varios ciclistas emprendimos el camino hacía “La Virgen”. Una empinada subida constante y el aire frío entrando a los pulmones hacían que el avance fuera un poco lento, la falta de condición física por no salir a rodar tan seguido cómo debiéramos se hacía evidente. Desde algunos puntos del recorrido se podía admirar la terrible contaminación del valle de México y los imponentes edificios de la zona de Santa Fe.

Finalmente pasamos La Virgen, dónde reposaban algunos ciclistas. Armados de valor continuamos el recorrido para encontrarnos con “La Pared” una subida muy empinada y con bastante grava en la superficie, lo cuál dificulta aún más el ascenso. Varias pedaleadas más adelante, finalmente encontramos terreno plano, un paisaje totalmente verde y rodeado de árboles. Tan lejos de la ciudad cómo nuestra mente nos permitía imaginar, nos detuvimos para tomar un poco de agua y un ligero refrigerio, suficiente para recargar energías y emprender el regreso a través de la pista de Down Hill.

La bajada fue bastante accidentada, el terreno resbaloso y visiblemente erosionado por la reciente época de lluvias, impidieron que pudiéramos bajar a mayor velocidad.

Algunas caídas y golpes nos hicieron comprender la razón de que los “Downhilleros” utilicen tanto equipo de protección.

Sin mayores contratiempos nos encontramos de nuevo en el tranquilo estacionamiento, para entonces a su máxima capacidad y nos dispusimos a guardar el equipo y cargar las bicicletas en el rack para emprender el regreso a casa. No sin antes percatarnos que los ingeniosos administradores del estacionamiento habían dispuesto también una pequeña área para el lavado de bicicletas!!

La experiencia de rodar en el Ajusco resulta en definitiva altamente recomendable y digna de repetirse próximamente.

 

 
 
 
 
Rueda con Respeto

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